Por Axel Esquinca
Te invito a pensar por un momento en como entendemos a la ansiedad, que significa esta palabra tan pequeña pero tan basta.
Si nos sentamos a reflexionar podríamos darnos cuenta de que la ansiedad suele entenderse, en el imaginario clínico y cultural, como un exceso: demasiado miedo, demasiada activación fisiológica, demasiados pensamientos catastróficos. Desde esta lógica, el objetivo terapéutico parecería evidente: reducir, controlar o eliminar ese exceso. Sin embargo, desde una perspectiva contextual —y particularmente desde la terapia de aceptación y compromiso (ACT por sus siglas en ingles)— este entendimiento sobre la ansiedad cambia radicalmente. No se trata solo de cuánta ansiedad hay, sino de cómo las personas nos relacionamos con ella y que funciones cumple en el respectivo contexto vital.
Algo a aclarar es que esta visión se sustenta desde un encuadre en el contextualismo funcional y en el modelo de flexibilidad psicológica. Esto ha permitido que en lugar de centrarse en la forma o frecuencia de los eventos internos (pensamientos, emociones, sensaciones), analiza su función en contexto y el repertorio conductual que los acompaña (Hayes, Strosahl, & Wilson, 2006). Desde esta perspectiva, la ansiedad no es, en sí misma, el problema clínico central. Lo problemático es la rigidez conductual que emerge cuando la persona organiza su vida alrededor de la evitación de experiencias internas aversivas.
Y algo a tener en mente es que este planteamiento no es meramente filosófico o ideas sin más; tiene respaldo empírico. Una revisión sistemática sobre ACT en trastornos de ansiedad encontró evidencia consistente de su eficacia en comparación con controles pasivos y resultados comparables a tratamientos cognitivo-conductuales tradicionales (Swain et al., 2013). Más recientemente, revisiones amplias han confirmado que ACT cuenta con un cuerpo robusto de ensayos controlados aleatorizados que respaldan su uso en ansiedad, depresión y condiciones relacionadas, destacando el papel mediador de la flexibilidad psicológica (Levin, Krafft, & Twohig, 2024).
Para un entendimiento más claro debemos hablar del núcleo del modelo; la flexibilidad psicológica, la cual podemos definir como “la capacidad de contactar el momento presente plenamente y persistir o cambiar la conducta en función de valores elegidos.” Al trabajar con la ansiedad, esto implica que el objetivo no es suprimir la activación fisiológica o disputar cada pensamiento ansioso, sino ampliar el repertorio conductual aun cuando la ansiedad esté presente. Hayes et al. (2006) sostienen que los intentos crónicos de control experiencial pueden paradójicamente intensificar el malestar y restringir la vida de la persona. Así, la evitación experiencial se convierte en un factor transdiagnóstico que mantiene el sufrimiento.
Por esto en gran medida el valor de esta óptica radica en poder conceptualizar a la ansiedad como una respuesta humana comprensible, moldeada por la historia de aprendizaje y el contexto actual. Entendiendo también que el problema surge cuando el lenguaje y la cognición simbólica —explicados desde la Teoría del Marco Relacional— amplifican amenazas hipotéticas y fusionan a la persona con sus pensamientos (“si siento ansiedad, algo terrible ocurrirá”; “no puedo funcionar si estoy nervioso”). La fusión cognitiva y la evitación experiencial estrechan la conducta hacia patrones defensivos. Es por esto por lo que se realiza la propuesta de procesos como la defusión, la aceptación y el contacto con valores para debilitar ese patrón rígido.
Algo que puede ser importante para subrayar es que la evidencia empírica no solo evalúa si el modelo “reduce síntomas”, sino cómo produce el cambio. Estudios revisados por Twohig et al. (2005/2024) muestran que mejoras en ansiedad suelen estar mediadas por aumentos en aceptación y disminuciones en evitación experiencial, más que por cambios directos en la frecuencia de pensamientos ansiosos. Este hallazgo respalda el argumento contextual: modificar la relación con la experiencia interna puede ser más clínicamente relevante que intentar alterar su contenido.
Por esto más de uno reconocemos que adoptar esta perspectiva tiene significativas implicaciones éticas y clínicas. Pues si el objetivo se basa en vivir de acuerdo con valores, entonces la pregunta terapéutica deja de ser “¿cómo elimino la ansiedad?” para transformarse en “¿qué tipo de vida quiero construir, incluso si la ansiedad aparece en el camino?”. Este desplazamiento evita patologizar reacciones humanas normales ante contextos demandantes y promueve una relación más compasiva y funcional con el malestar. Además, reduce el riesgo de que el tratamiento se convierta en otra estrategia sofisticada de evitación.
Desde una praxis basada en evidencia, esta perspectiva contextual invita a integrar datos empíricos con análisis funcional individualizado. No basta con aplicar protocolos; es necesario comprender la función que la ansiedad cumple en la vida concreta del paciente. En algunos casos, puede proteger de riesgos reales; en otros, puede haberse generalizado excesivamente. La intervención contextual no niega la biología ni la utilidad de técnicas conductuales clásicas; más bien las integra en un marco donde el criterio último es la efectividad pragmática: ¿esta conducta amplía o restringe la vida valiosa de la persona?
En conclusión, desde este enfoque podemos entender a la ansiedad más allá de un enemigo a erradicar, aceptando que es una experiencia humana cuya función debe analizarse en contexto. La evidencia científica respalda que trabajar sobre la flexibilidad psicológica produce mejoras clínicamente significativas (Levin et al., 2024; Swain et al., 2013; Twohig et al., 2005/2024). Sin embargo, el aporte distintivo del modelo no reside únicamente en sus resultados, sino en su cambio de paradigma: pasar del control al compromiso, de la lucha interna a la acción guiada por valores. Este giro conceptual no minimiza el sufrimiento que la ansiedad puede generar; al contrario, lo aborda con mayor profundidad, invitando a las personas a construir una vida significativa incluso en presencia de malestar. Desde una práctica clínica fundamentada en evidencia, esta propuesta contextual ofrece no solo técnicas, sino una forma distinta de comprender la experiencia humana.
Por último, quiero reiterar que esto no significa que las personas “tengamos que aprender a vivir con nuestros problemas de ansiedad” y básicamente rendirnos ante ellos, si no que es una invitación a un nuevo entendimiento que abre la posibilidad de tener una influencia diferente en nuestras vidas cuando la ansiedad se presenta en ellas.
Psic. Axel Alejandro Esquinca Trujillo
Referencias
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2006). Acceptance and Commitment Therapy: Model, processes and outcomes. Behaviour Research and Therapy, 44(1), 1–25.
Levin, M. E., Krafft, J., & Twohig, M. P. (2024). An overview of research on Acceptance and Commitment Therapy. Psychiatric Clinics of North America.
Swain, J., Hancock, K., Hainsworth, C., & Bowman, J. (2013). Acceptance and Commitment Therapy in the treatment of anxiety: A systematic review. Clinical Psychology Review, 33(8), 965–978.
Twohig, M. P., Masuda, A., Varra, A. A., & Hayes, S. C. (2005/2024). Acceptance and Commitment Therapy as a treatment for anxiety disorders. Behavior Therapy / Psychiatric Clinics of North America.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2022). Implementing ACT as Contextual Behavioral Science. En The Oxford Handbook of Acceptance and Commitment Therapy. Oxford University Press.
Sobre el autor:
Axel Alejandro Esquinca Trujillo
Tuxtla Gutierrez, Chiapas, México
9613663526
Instagram: psic_aesquinca

Es licenciado en Psicología por el sistema incorporado a la UNAM y egresado en la maestría en Terapia Cognitivo Conductual por el Centro de Psicoterapia Cognitiva (CPC).
Actualmente, cursa el Entrenamiento Intensivo en Terapia Dialéctico Conductual (DBT) impartido por DBT Iberoamérica. Además, cuenta con diversas formaciones en educación continua en terapias conductuales y contextuales, ofrecidas por instituciones como Itaca Formación, Contacto Contextual y el Instituto de Terapias Conductuales y Contextuales (ITECOC), entre otras.
Se dedica principalmente a la práctica de la psicoterapia y a la docencia.
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