En la psicología popular y el lenguaje cotidiano, la “fuerza de voluntad” se invoca como una facultad interna, una reserva de energía psíquica que permite a los individuos resistir tentaciones, superar adversidades y alcanzar metas a largo plazo. Sin embargo, desde el conductismo radical propuesto por B.F. Skinner, este concepto se clasifica como una ficción explicativa. A continuación nos gustaría explicar cómo la “voluntad” funciona como una explicación circular que oculta las verdaderas causas ambientales de la conducta y redefine el autocontrol como una interacción funcional entre respuestas de un mismo organismo (Skinner, 1953).
El principal problema lógico de la fuerza de voluntad es su naturaleza tautológica o circular, es decir, en la práctica clínica y en el día a día se observa que una persona rechaza un cigarro o una bebida alcohólica y se concluye que “tiene fuerza de voluntad”, posteriormente, cuando se pregunta por qué la persona rechazó el cigarrillo, se responde que fue “debido a su fuerza de voluntad” (Epstein, 1997; Skinner, 1953).
Skinner argumenta que este tipo de razonamiento no aporta información ni explicación sobre las variables independientes que realmente controlan el comportamiento. Al atribuir la causa a un agente interno invisible, se detiene la investigación científica. El análisis funcional, en cambio, busca las causas en la historia de reforzamiento y en el ambiente actual (Skinner, 1953). Si un individuo “resiste”, no es por una fuerza interna, sino porque ciertas consecuencias (como la salud a largo plazo o el reconocimiento social) han adquirido un peso mayor que el refuerzo inmediato (el sabor o la nicotina, el estado de embriaguez) debido a contingencias previas (Skinner, 1953).
Para el conductismo radical el autocontrol no es el triunfo de la “mente” sobre el cuerpo, sino un proceso donde el individuo manipula las variables de las que su propia conducta es función (Skinner, 1953). Skinner desglosa este fenómeno en dos tipos de respuestas:
- La respuesta controladora: Es la conducta que el sujeto emite para alterar la probabilidad de otra conducta posterior. Por ejemplo, alguien que desea evitar gastar dinero (conducta controlada) decide dejar sus tarjetas de crédito en casa antes de salir (respuesta controladora) (Epstein, 1997). El individuo controla su comportamiento mediante el diseño ambiental (Skinner, 1953), si bien el ambiente no puede ser controlado en su totalidad, es altamente influenciable por uno.
- La respuesta controlada: Es el comportamiento que se desea modificar (fumar, atracones de comida, estudiar). Su frecuencia cambia no por una “decisión mental”, sino porque la respuesta controladora ha modificado los estímulos discriminativos o las consecuencias disponibles en el entorno (Skinner, 1953).
El “autocontrol” es, en esencia, una tecnología de autogestión. En lugar de alentar al individuo a “ser más fuerte”, el analista de conducta entrena al consultante en la manipulación de su entorno (Skinner, 1953), algunas de las técnicas y fenómenos conductuales que pueden ser usadas son:
- Control de estímulos: Eliminar señales que evocan la conducta no deseada (ej. no comprar comida chatarra para que no actúe como estímulo discriminativo en casa) (Skinner, 1953).
- Operaciones motivacionales (y de abolición): Alterar estados de privación o saciación. Skinner sugería, por ejemplo, beber mucha agua antes de una cena para reducir el valor de refuerzo de la comida (Skinner, 1953).
- Compromiso social: Organizar el ambiente para que el incumplimiento de una meta tenga consecuencias aversivas inmediatas, como la crítica de los pares, lo que compensa la falta de consecuencias naturales inmediatas (Skinner, 1953).
Los seres humanos utilizamos el lenguaje para controlar nuestra propia conducta. Las “reglas” (descripciones de contingencias) funcionan como estímulos discriminativos que nos permiten actuar de forma efectiva incluso cuando las consecuencias naturales están muy lejos en el tiempo (Skinner, 1974). Una persona que se dice a sí misma “si termino este informe, podré ver una película” está generando una regla que facilita el mantenimiento de la conducta de trabajo. El éxito de estas autorreglas depende de la historia de reforzamiento del sujeto: si el individuo tiene un historial de cumplir sus promesas y obtener refuerzos, sus autorreglas tendrán un fuerte control sobre su conducta (Skinner, 1953).
El conductismo radical despoja al autocontrol de sus cualidades dualistas (mentalistas) al sustituir la “fuerza de voluntad” por un análisis de contingencias, pasamos de una culpabilización moral (“soy débil”) a una solución técnica (“mi ambiente no está bien diseñado”) (Skinner, 1953). La verdadera libertad, para Skinner, no reside en actuar sin causas, sino en utilizar el conocimiento científico para diseñar un entorno que favorezca las conductas que valoramos a largo plazo (Skinner, 1953). Siempre estamos bajo el control de algo, identificar lo que nos controla y poder tomar decisiones con base en ello es, paradójicamente, poder ejercer mejor nuestra libertad.
Referencias Bibliográficas
Epstein, R. (1997). Skinner as self-manager. Journal of Applied Behavior Analysis, 30(3), 545–568.
Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. Macmillan.
Skinner, B. F. (1974). About behaviorism. Knopf.
Sobre el Autor:
Hector Enrique Salgado Almaguer
Cel: 8116822013
Centro Psicológico AconteSer

Licenciado en psicología por la UANL, egresado de la maestría en Ciencias con Orientación en Psicología de la Salud.
Doctorante en ciencias de la educación por el Consorcio Educativo Internacional Warden A.C.
Actualmente cursando diversas formaciones en conductismo radical.
Leave a comment