al hablar de psicoterapia podemos hablar de muchas cosas, desde conceptos más técnicos como lo son el modelo teórico que elegimos ya sea como terapeuta o como consultante, las estrategias que utilizamos en las sesiones, o incluso se puede hablar de las expectativas que se tiene al momento de decidir comenzar un proceso terapéutico, pero hay algo que en ocasiones no tenemos tan presente, lo difícil del proceso, entre esas dificultades, la dificultad de mostrarnos vulnerables ante un terapeuta, pero más difícil aún, mostrarnos vulnerables ante nosotros mismos.
Comenzar el viaje de un proceso terapéutico conlleva un viaje por zonas incómodas de nosotros mismos, cuando era estudiante de los primeros años de psicología, una profesora preguntó nosotros cómo veíamos el proceso terapéutico, una compañera levantó la mano y dijo que para ella era una palmada en la espalda, en otra ocasión escuché a alguien decir que terapia es un espacio para hablar de ti y que te digan que estás bien, o con la novedad de las IAs, que muchas personas llegan a utilizar como consejeros, nos podemos acostumbrar a que estas IAs, nos den siempre y ciegamente la razón, y esto se puede volver adictivo.
Uno de los procesos que trabajamos desde el conductismo en terapia es precisamente terapia de Exposición, explicada de manera sencilla, si yo tengo miedo a hablar con personas desconocidas, lo que coloquialmente llamaríamos introvertido, sería tonto decir que es una escencia inherente en mí, cómo si estuviera marcado mi destino para ser introvertido, y desde el conductismo tendríamos que explicar que probablemente las personas (mal llamadas introvertidas) probablemente han tenido pocos momentos de socialización, y no solamente pocos, sino de muy mala calidad o incluso aversivos, por lo que asociaron que socializar con personas desconocidas podría ser algo peligroso, y como no nos gusta el peligro, terminamos evitando la socialización para evitar estar en ese “peligro”. Por lo que, si una persona tiene miedo de hablar con otras personas, lo que trabajaríamos desde este modelo, es precisamente que el consultante hable con otras personas, (requiere una estructura, para fines del texto lo estoy simplificando), pero aquí viene justo, el gran PERO, si esto me genera incomodidad, ¿por qué lo haría?
Podemos responder esta pregunta desde la parte lógica y explicar al consultante los beneficios de generar habilidades, y en la parte racional se entiende, como diríamos en DBT, mi mente racional lo entiende, pero mi mente emocional me dice que no, no quiero ser vulnerable, y es aquí donde ocurre la magia de la psicoterapia, exponernos por exponernos no tiene ningún sentido, exponerse para mejorar nuestra calidad de vida sí, y es aquí donde tenemos que hacer un correcto análisis de la situación, nosotros como terapeutas y el consultante desde su mente sabía, si me expongo a esto: ¿cómo podría beneficiarse? ¿cómo mejoraría mi vida a través de la exposición?
Puedo decir un ejemplo concreto con lo anterior, si tengo miedo al mar, pero vivo en una ciudad que no haya mar, no tendría problema en seguir teniendo miedo al mar, se escucha obvio, pero, ¿cómo puede mejorar mi vida al exponerme a este miedo?, una situación concreta que podríamos mencionar es, si tengo un hijo o una hija, y este hijo me dice que en algún momento quiere conocer el mar, que le hace mucha ilusión, que lo vió en una película y que le encantaría ir, aquí tenemos dos caminos, puedo ignorar la petición o sacarle la vuelta de mil maneras, o puedo exponerme (a través de un proceso terapéutico) para poco a poco perder el miedo al mar.
Exponernos a nuestros miedos es difícil, y precisamente como el título lo dice, es difícil ser vulnerable, pero, qué entendemos por vulnerabilidad, al contrario de la connotación negativa que le ha dado la sociedad a la vulnerabilidad, ser vulnerable es entendernos como humanos mortales con miedos, ilusiones, sueños, esperanzas, que sufrimos cuando algo que queremos o que es importante para nosotros no lo conseguimos, ser vulnerables es darle espacio a eso que duele, no para que nos controle, sino para entender porqué es tan doloroso para nosotros, es tomarlo con las manos y pasar un rato viéndolo… esto es doloroso e incómodo, y es algo que se ve mucho en psicoterapia, es tan incómodo que algunos consultantes llegan a pedir perdón por haber llorado, no porque ellos estén mal, sino porque la sociedad se ha esforzado demasiado en hacernos creer que ser vulnerables estaba mal, que nos hacía débiles.
¿Cómo es ser vulnerable en psicoterapia? como decíamos anteriormente, es aprender a darle ese espacio al dolor, a los miedos, pero es importante aclarar aquí dos puntos, el primero, entender ese miedo como algo natural, una emoción que todos tenemos y que hay cosas que nos duelen, como por ejemplo perder a un ser querido, o no conseguir el trabajo de nuestros sueños. El segundo punto es, en psicoterapia poder aprender las habilidades, para poder comunicar esa vulnerabilidad fuera del consultorio, hablarlo con las personas importantes para nosotros, y poder hacer algo al respecto.
Aquí es donde aparece una pregunta que muchas personas hemos escuchado (gracias a la sociedad), “si los demás saben que soy vulnerable, se van a aprovechar de mí”, como si fuéramos Superman y los demás supieran que la kriptonita es nuestra debilidad, y sí, no podemos negar que algunas personas se pueden aprovechar de nosotros, no podemos ser tan ingenuos de pensar que el mundo es completamente bueno, entonces ¿para qué sirve ser vulnerable? si una persona hace algo que me lastima, tengo dos opciones, fingir que no me lástima y suprimir mis necesidades emocionales como mi necesidad por ser respetado, o aceptar mi vulnerabilidad y entender que eso me lastima, ¿para qué? para tomar cartas en el asunto, acercarme a esa persona y comunicarle que lo que hace me lastima, y aquí tenemos dos posibles caminos, la persona genuinamente nos quiere y comienza a hacer cambios en esa conducta, o la persona se aprovecha de nuestra vulnerabilidad, y aunque esto suene catastrófico, la realidad es que nos abre la puerta para poder salir de esa relación, no siempre va a ser fácil, pero darnos cuenta es de los primeros pasos que hacemos al construir una vida que valga la pena ser vivida.
Como modo de cierre, me gustaría mencionar dos cosas, la primera es agradecer a todos las personas que se han permitido ser vulnerables en alguna ocasión, y la segunda, mostrar emociones no es un símbolo de debilidad, es algo humano, y entender nuestra vulnerabilidad, es darle espacio a tener una vida más digna.
Sobre el Autor:
Alberto RamosMonterrey, Nuevo León, México
8114999907
psic.albertoramos@gmail.com

Es Licenciado en Psicología por la UANL y cuenta con Maestría en Ciencias con orientación en Psicología de la Salud, así como formación de posgrado en Psicoterapia Cognitivo-Conductual y en Terapias Contextuales. Cuenta con formación especializada en Terapia Dialéctico Conductual (DBT) y actualización continua en modelos basados en la evidencia.
Es director del Centro AconteSer, donde se dedica a la práctica clínica, la formación de profesionales y el desarrollo de proyectos académicos en análisis funcional y terapias contextuales.
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